Posteado por: elcampanazo | diciembre 9, 2007

Normas de conducta en la civilización de los chimpancés


David Ávila

chedavs@yahoo.com

Permanecer en silencio y soledad

Alejandra padece graves dolores de cabeza, la poca que le queda. Logra asomarse al reflejo del fluido que se escapa por la bajante de la calle miseria, que se ha expandido a toda la periferia. Su terrible estado ya no haya mucha diferencia con el resto de la población. Al igual que el cáncer que cuenta sus días de vida, la miseria se ha expandido a todos los rincones de su pequeño mundo. Recuerda a Nicolás y con la fuente de sus ojos rota, termina de desteñir su camiseta. No logra entender la brutal crueldad con la que los sujetos verdes, decidieron quitarle al único ser humano del cual no quiso prescindir. Aun cuando la calidad cuantificable de sus compañeros de universidad le auguraba el mejor futuro como penalista. Finalmente, ella pasó a engrosar el contingente de las injusticias humanas por las que algún día se propuso luchar.

Alejandra no logra entender como su patria amada olvidó a su compañero. No después de los dieciocho años que él sirvió con tanto fervor a una estúpida causa que cumple su enésimo aniversario. Dieciocho años completos de servicio militar y una carrera con futuro, fueron hechos polvo en dieciocho milisegundos. Una pierna en los altares de la patria y dieciocho puntos al cubo que sellaron la abertura facial recibida con la explosión del carro bomba, fueron la prenda por la salvaguardia de la vida de un “fulano de mayor rango”: el señor presidente.

Nicolás solo quiso ser un hombre de bien y aun hasta el último segundo continuó a la absurda espera del resarcimiento de los daños materiales por parte del estado. Los del alma se quedaron sin doliente. Para él fue difícil entender el olvido de su patria y más aun la brutalidad con que sus excompañeros de la fuerza pública decidieron acabar con su vida. Nicolás solo quería una segunda oportunidad, luego de que junto a su cuerpo mutilaron también sus deseos de progreso. Sin embargo todas las puertas le fueron cerradas y en el callejón más solitario de “la patria nada” concluye su proceso de muerte lenta gracias al único apoyo que finalmente logró: la violenta represión materializada por sus compañeros de contingente.

El repudio por esta cruel realidad, logra dibujar una amarga sonrisa en el rostro de Alejandra, al constatar su paradójica relación con la historia que a ella le correspondió. El estado se olvidó de Nicolás, y sus padres se olvidaron de ella; Nicolás halló refugio en sus compañeros de “parche drogas”, Alejandra también lo hizo. Su nuevo compañero sentimental recibió la represión del estado, ella la de sus padres y el señalamiento de su prójimo. Hoy Alejandra vuelve a “la olla” a reconocer el cadáver de su compañero, y en el desahogo no logra entender la cruel situación replicada también en la institución familiar.

¿Cuándo jugaremos?

Cuando sus padres en medio de su mundo personal olvidaron que ella existía como ser humano, su refugio fueron los amigos y con ellos el alcohol, las drogas y la delincuencia. La falta de comunicación con sus padres hizo que la crisis familiar desbordara en proporciones y cuando ellos lograron voltear la mirada a la realidad de su hija, las medidas a tomar estuvieron fuera del alcance racional. La dura represión en contra de su hija y la búsqueda de una explicación al comportamiento de la niña que “todo lo tenia” fueron el alimento de algunos días en el hogar de Alejandra. La situación pronto perdió importancia pues en el pequeño mundo individual, se refugiaron de nuevo sus padres, cuando sin el consentimiento de la niña creyeron tenerlo todo bajo control gracias a su política de mano dura.

Alejandra no alcanza a entender cómo su familia se desmoronó por algo tan simple en apariencia como la falta de un contacto efectivo con sus padres, por la falta de comunicación. Es difícil aceptar, que así como su compañero Nicolás perdió todo contacto con la entidad a la que tanto tiempo sirvió, no por decisión suya, ella terminó por alejarse de sus padres al no encontrar esa protección fraterna que tanto necesitó cuando el mundo se le venía encima.

Con la grave crisis económica vivida por la familia de Alejandra, llegó la crisis social. La niña, también en su pequeño mundo de privilegios materiales, en total desconocimiento de la situación, vivió su crisis personal. El reciente vicio de su padre lo llevó a acudir a la violencia en contra de su hija, en un momento en el cual cada uno de los tres miembros de la familia, se las arreglaban como podía.

Vagando por las sucias calles de la capital antisocial, Alejandra divisa el despedazado cuerpo de su compañero, quien acaba de morir a la espera eterna de la compensación por los servicios prestados a la patria. Una patria que cansada de sus reclamos y en desconocimiento, pero con intuición, de la cruel realidad del excombatiente, decide a través de sus fuerzas especializadas callar de una vez por todas a ese hijo perdido.

De las mejillas de Alejandra a las de Nicolás, cada quien en su estado, no logran recordar en qué momento de la evolución, al ser humano se le olvidó dialogar. En qué momento este perdió la maravillosa capacidad de articular las ideas y hacerlas resonar.

El lenguaje, rasgo característico de la etapa de hominización, es uno de los mínimos detalles que separan a la moribunda pareja de su pariente más cercano: el chimpancé. El 4% del genoma humano diferente al de este “animal irracional” cada vez más se reduce. En ese estado de cosas, Alejandra y Nicolás comprenden su relación con este pariente cercano y en medio de los absurdos justifican su situación actual: ellos y “sus familias” regresaron a los primigenios métodos de reconciliación de las diferencias. Desde esta perspectiva entienden también el promedio de 25.000 homicidios que se registran cada trescientos sesenta y cinco días en su amada patria del sagrado corazón de Juan Valdés y su café suave.

Alejandra acaba de dormirse en brazos del único sobreviviente a su derrumbe interior. Nicolás vuelve a dormir sobre la humanidad desnuda del único ser que quiso entender su catástrofe interna. Pueden dormir tranquilos mientras allá afuera, en el país de los chimpancés, extendido al territorio universal, tratan de establecer a los madrazos el verdadero valor del dialogo y del tiempo.

 

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